¡CARNAVAL, CARNAVAL!

En esta época tan típicamente carnavalera, os quiero llevar de viaje a ¡Venecia! Nada menos. Allí entre canales, góndolas, puentes de ensueño y recovecos mil, celebran uno de los carnavales más especiales del mundo.

Pues bien, hoy, recién acabadas las celebraciones, os quiero hablar un poquito de uno de los disfraces más típicos del carnaval veneciano: la bautta.

Su diseño viene del siglo XVIII, y permitía a quien lo llevaba disfrutar del anonimato, y con él, trasgredir las normas establecidas y realizar actividades más o menos censuradas en la época.

Pero voy a lo más interesante, ¿de qué se compone la bautta? Este disfraz consta de tres partes principales: la larva, el velo y el tricornio.

En primer lugar, se debe colocar el velo, cubriendo la cabeza y hombros. Consiste en una tela negra de seda y/o bordados, con una caperuza en la parte superior, que cuenta con una abertura delantera que deja libre la cara.

Después se coloca la larva, que es la máscara con que se cubre la cara. La más típica, hecha de seda o más modestamente de cartón, en color blanco o negro, carece de boca, y en su lugar cuenta con una prominencia, que sirve para alterar la voz de la persona y a su vez permitirle comer y beber sin quitarse la máscara. ¿Quién podría reconocerte así?

Por último, para fijar la larva, que no tenía cordón ni otro modo de sujeción, y además protegrer la cabeza, se colocaba el tricornio, sombrero de tres picos.

Hay millones de posibles disfraces, pero no me digáis que no os pica el gusanillo de esconderos tras la bautta y hacer todas esas travesuras que llenan vuestras cabezas de sueños.

Isabel P.

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